Dolor y disfunción visceral

Muchos pacientes acuden a nuestra consulta con dolores musculares, tendinosos y/o articulares cuyo origen no es traumático. Estos pacientes nos explican que tienen ese dolor des de hace muchos años y no encuentran una causa que lo justifique. Nos explican que su dolor es difuso, se acompaña de rigidez o falta de flexibilidad y que suele ser peor por la mañana; o un dolor que les despierta por la noche y que mejora cuando se mueven o hacen actividad física. Algunos nos explican que aplicando calor en la zona les ayuda, y muchos otros nos comentan que los antiinflamatorios no les hacen gran cosa. 

Todos estos síntomas nos están explicando que a esos tejidos, que duelen, les falta oxígeno. Esta alteración de la vascularización del tejido músculo-esquelético puede venir provocada por una disfunción visceral. Aquel órgano que presente una mala función, genera una vasoconstricción que repercute en otros tejidos a los que esta asociado (piel, músculo), impidiendo la llegada oxígeno, y por lo tanto, generando rigidez y dolor.  

La terapia manual, el ejercicio y el masaje ayudan notablemente a mejorar el dolor de estos pacientes, ya que mejora la circulación de la zona y por lo tanto el aporte de oxígeno a los tejidos. No obstante, si no tratamos la disfunción visceral, ese dolor volverá a aparecer tarde o temprano. 

 

Un conocimiento profundo de la fisiología del aparato digestivo nos ayuda a detectar cual es tu disfunción.


Síntomas que nos alertan de una posible disfunción visceral:

  • Ardor, acidez de estómago o reflujo
  • Digestiones pesadas
  • Hinchazón y/o gases
  • Mal aliento
  • Sangrado de encías
  • Estreñimiento

Una correcta alimentación te ayudará a erradicar el problema de raíz mejorando tu salud y calidad de vida. Para ello puedes empezar con las siguientes recomendaciones:

  • Reduce en tu dieta los cereales refinados y todo lo que deriva de ellos, así como el azúcar.
  • Reduce los lácteos de vaca y si te resulta difícil eliminarlos opta por aquellos que provengan de animales como la cabra o la oveja.
  • Reduce las legumbres, estas tienen antinutrientes que inflaman nuestro aparato digestivo.
  • Come cada día fruta y verdura.
  • No olvides en tu dieta el pescado azul, los huevos y la carne de buena calidad.

Gracias a las herramientas que nos aporta la psiconeuroimnunología clínica podemos ayudarte a mejorar estas disfunciones.

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