¿Tiene tu organismo la capacidad suficiente de DETOXificar?

Buscando inspiración para encabezar este primer post, me topé con un termino que desconocía hasta la fecha: el Antropoceno. Es el nombre propuesto por la comunidad científica para denominar a la época geológica en la que vivimos actualmente, por la huella que estamos dejando los seres humanos en la Tierra.

Debido a nuestras emisiones de dióxido de carbono, la deforestación y el uso abusivo de plásticos y derivados del petróleo, hemos pasado de ser meros habitantes de la Tierra para convertirnos en modificadores de su geología, y es que, ya se han encontrado rocas denominadas plastiglomerados, formadas por plásticos, arena, rocas y desechos humanos. Nuestra actividad, no solo tiene un impacto que está quedando grabado en los estratos de la Tierra, si no que afecta de forma directa a nuestra salud, ya que la evolución todavía no ha podido prepararnos para nuestras propias creaciones.

Para poder vivir con salud en este entorno tan castigado, debemos estimular más que nunca nuestros mecanismos de limpieza.

En este artículo aprenderás:

  1. Cómo desintoxica nuestro organismo
  2. Si tu organismo no está detoxificando a pleno rendimiento
  3. Qué factores hay que tener en cuenta para que se dé esta función de forma adecuada

¿Cómo desintoxica nuestro organismo?

Para luchar contra sustancias indeseadas, tanto internas como externas, nuestro organismo cuenta con un sistema de protección y limpieza. El órgano más importante que realiza esta función es el hígado.

El hígado cumple varias funciones y entre ellas está la de atrapar las sustancias para neutralizarlas y poder ser expulsadas, en forma de orina o heces, a través de las vías de salida . La neutralización se lleva a cavo gracias a la producción de antioxidantes. Para activar este mecanismo, el cuerpo necesita de ciertas vitaminas, minerales y aminoácidos para llevarlo a cabo correctamente.

Pero, si la exposición a tóxicos perdura en el tiempo o es excesiva, el organismo reacciona bloqueando la producción de antioxidantes y activando el sistema inmunitario, tal y como hace ante la presencia de patógenos.

Si el bloqueo en la producción de antioxidantes y la activación del sistema inmune se perpetúan, incrementará el ambiente tóxico, agotando al sistema inmunitario, favoreciendo la aparición de alergias, eccemas en la piel o procesos inflamatorios crónicos.

Sabrás si tu organismo no está realizando correctamente su función de detox cuando:

  • Te levantas cansado, sin energía o te sientes bajo de ánimo
  • Te levantas con la boca pastosa o mucosidad matinal
  • Tienes dificultades para perder peso
  • Tienes dificultad para digerir las grasas y/o estreñimiento
  • Tienes migrañas o dolor de cabeza
  • Tienes dolores inespecíficos en omoplato y/o hombro derecho
  • Problemas en la piel como eccemas o manchas
  • Mala calidad del pelo y las uñas
  • Tienes alteraciones en la menstruación
  • Tienes dificultades para dormir

Ahora que sabes como funciona el proceso de detoxificación, entenderás que lo que necesita tu organismo va mucho más allá de zumos verdes, superalimentos o productos milagrosos.

Factores que tienes que tener en cuenta para que el hígado haga bien su función de DETOX:

  1. Reduce la utilización de plásticos en casa, consume ecológico en la mediada de la que puedas y utiliza cosmética natural. La cosmética convencional contiene sustancias como ftalatos y parabenos, entre otros, que imitan la acción de las hormonas femeninas. El exceso de estas hormonas debe ser eliminado por el hígado. ¡Recuerda! No es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia.
  2. Mantén las vías de salida libres:
    • El Intestino: El aporte adecuado de fibra en la dieta a través de la fruta, la verdura y los tubérculos, nos ayuda a mantener un adecuado transito intestinal. Si no vas al baño como mínimo 1 vez al día, ésta vía de salida estará viéndose entorpecida.
    • EL Riñón: recupera la sensación de sed y sáciala bebiendo exclusivamente agua. Los refrescos azucarados y el alcohol contienen calorías que engañan a nuestro cerebro haciéndole creer que es comida, en vez de bebida. Podemos perder esa capacidad de sentir sed por culpa de estas bebidas y además perjudicar a nuestro riñón.
    • La Piel y los pulmones: ¡MUÉVETE! La piel y los pulmones también son vías de salida, por lo que jadear y sudar nos ayuda a mantener esas vías activas.
  3. Permitir al hígado hacer esa función a través del ayuno intermitente. El cuerpo necesita períodos de nutrición y crecimiento y períodos de limpieza y regeneración. Hacer más de 2-3 comidas al día no da tiempo al hígado a destinar suficiente energía para la detoxificación. Por lo tanto, espaciar las comidas e incluso saltarse alguna para llegar a estar de 12 a 16 horas sin comer, prolongando el ayuno nocturno, por ejemplo, ayuda a destinar energía a este proceso. Además, el ayuno activa el mecanismo de la autofagia. Lo que ocurre durante este proceso es que las propias células reciclan sus propias partes dañadas e incluso bacterias y virus para reconvertir esta «basura» biológica en nuevas moléculas funcionales.
  4. Mantén tu sistema inmunitario en estado de reposo mientras no sea necesario su activación: el 80% de nuestro sistema inmunitario se encuentra en el intestino. Cada vez que comemos activamos el sistema inmunitario de forma fisiológica para protegernos de los patógenos y los tóxicos del exterior. Comer muchas veces a lo largo del día implica tener al sistema inmunitario activado. El proceso de autofagia no solo nos ayuda a limpiarnos y reciclarnos, si no que además, ayuda al sistema inmune a combatir frente a los patógenos invasores, reduce la respuesta inflamatoria y equilibra la respuesta inmune. Así podremos volver a activar la producción de antioxidantes de la que hablábamos al principio del post.
  5. Aportar los nutrientes necesarios para que las fases de DETOX del hígado se den correctamente. Ciertos nutrientes son necesarios para que las vías de detox del hígado funcionen correctamente, ya que son necesarias para neutralizar los tóxicos y ser expulsadas. Aquí te dejamos una pequeña lista de los alimentos más importantes para esta función.
    • El sulforafano de las crucíferas: brocoli, col, coles de bruselas…
    • Azufrados: cebolla, ajo, puerro…
    • Bioflavonoides y vitamina C: verduras de hoja verde, especias como el perejil, cilantro, la cúrcuma; la remolacha, los frutos del bosque…
    • Vitaminas A y E, selenio, cobre y zinc: hígado de ternera ecológico, marisco, huevos de gallinas en libertad, nueces de brasil…

Aquí te dejamos una entrevista con Núria, colaboradora de INTEGRA, que nos da su visión sobre este tema y nos aconseja también determinados alimentos que ayudan al hígado en esta función.

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